Sanar la relación con el padre

24.04.2022

Para comenzar este ejercicio de sanación con tu padre te propongo que utilicemos símbolos.

Entonces, piensa en una imagen que represente al padre (un árbol, un cuadrado, una piedra, lo que sientas) y piensa en una imagen que te represente a ti.

Dibuja esas imágenes o búscalas en una revista y recórtalas. Cuando tengas las imágenes busca un lugar donde realizar el ritual, una vela de color blanco para ti y una vela de color azul para representar a tu padre. Enciéndelas, pon las imágenes allí al costado de cada vela y lo más pegadas que puedas.

Entonces, comenzarás a recitar esta carta:

Yo____________________ (escribe tu nombre y apellidos completos) en este acto de puño y letra decreto que aquí y ahora yo honro mi linaje masculino y te honro a ti, papá. Gracias por el maravilloso regalo de la vida. Desde antes de nacer tú cocreaste con Dios padre celestial un cordón de luz y amor de tu corazón a mi corazón, para unirte conmigo. Gracias, papá, y que Dios te bendiga. Yo coloco luz y amor a toda memoria de dolor, memorias de miedos, memorias de tristeza, de enojo y su consecuente karma en nuestras vidas. Sé que me he convertido en quien hoy soy gracias a tus aportes, buenos y malos. Todo lo que necesite corregir y mejorar es ya labor mía, asumo la responsabilidad de sanar. Me acepto y te acepto, y sé que haré lo mejor de lo mejor con mi vida. Aquí y ahora te respeto, te reconozco, te acepto y te amo incondicionalmente porque de ti he aprendido cómo protegerme, proveerme y cuidarme. Gracias por tu energía, papá. Yo soy responsable de lo que yo acepté e integré en mí como verdadero. Papá, reconozco que has cumplido tu labor de la mejor manera posible de acuerdo con tus propios recursos y dando cumplimiento al contrato de alma que ambos acordamos. Me libero y te libero de cualquier sufrimiento o memoria de dolor herencia de nuestros ancestros. Papá, agradezco todas las lecciones de vida. Padre, tu mirada me ha enseñado a ser mirada y reconocida por los hombres que amo y he amado. Padre mío, tu amor es el que me ha mostrado cómo merezco ser amada. Yo asumo mi proceso y la responsabilidad de sanar con los otros hombres, de todo lo que haya quedado pendiente contigo. Y, si hubo algunas carencias, sé que fui yo quien te eligió así para, precisamente, aprender muchas lecciones de esa experiencia. Papá, gracias por la confianza para mostrar mi fuerza. Así es. Es una certeza. Gracias.

Amén, amén, amén.



(Puedes descargar la carta aquí) 


Este ejercicio lo repetirás durante 7 días, sin interrupción.

Si tienes la posibilidad de escribir la carta a puño y letra, mejor. 

Bendiciones para tu proceso, Adriana



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